JYP Consulting

Feliz Día de la Madre.

Para mi felicidad este altar está dedicado a nuestras madres, cuyo amor nunca falla. Uds. podrán escalar a posiciones de gran influencia en la vida comercial, política o profesional, sin embargo, nunca podrán alcanzar la altura de las aspiraciones secretas, de sus madres al respecto.
Podrán caer en el más profundo abismo de infamia y degradación, pero nunca, más abajo del amor de ellas. La memoria de esto, siempre perturbará sus corazones.


No existe hombre totalmente vil, completamente bajo, que no posea en su corazón, una tumba sagrada y separada, para la memoria del amor de su madre.


Si yo tuviese que presentarles un retrato de amor divino, no sería aquel de: “Un majestuoso ángel, con una forma llena de elegancia. Sería el de una madre cansada y exhausta, con fisonomía grave y pálida.”
Era vuestra madre la que os amaba, aún antes de nacer, ya que os cargaba durante largos meses, próximos al corazón, y al concluir el tiempo, tomó la mano de Dios con sus manos, y pasó a través del valle de las sombras, para darte la vida.


Fue ella quien cuidó de ti, durante los años desamparados de tu infancia, y los no menos dependientes años de tu juventud.


Conforme tú te tornaste menos dependiente, ella tuvo innumerables atenciones, cuidados de salud, de ayuda y actos de incentivo, y aún otras cosas, que de algún modo, solo las madres parecen poder hacer.


Tu tal vez aceptaste estas atenciones, más o menos como si fuera una rutina, tal vez sin gratitud consciente, o sin ninguna demostración de aprecio.


Tú, te estás aproximando rápidamente al momento de tu vida, en que estarás totalmente independiente de tu madre. Los lazos por los cuales, la dependencia te liga a ella, te podrán apartar conforme vayas envejeciendo, sin embargo el lazo de amor materno, no podrá jamás ser deshecho.

Recordando los años de tu vida, cuando hubieras llegado a la mayoría de edad, tu madre podrá muy bien repetir las palabras del poeta:
Mi cuerpo alimentó tu cuerpo, hijo, pero el nacimiento es una cosa rápida, comparado a los veintiún años, de alimentarte con lágrimas de espíritu.
Yo podría haber moldeado tu mente y tu alma, sin embargo mis manos felices te han mantenido intacto.


Tus manos tanteando, me sujetarán a la vida con manos sin piedad.
Y todo mi vivir se volvió una oración, mientras todos mis días construían una gracia para tus jóvenes pies que caminaban tras mío para que tú encontrases el camino ambicionado.

¿Tú crees que la vida puede darte sufrimiento, que no me alcanzare nuevamente?
¿Tú crees que la vida puede darte la deshonra, y que con eso no perjudiques a mi orgullo?
Y Tú, ¿no puedes hacer nada malo que no me queme como una picada venenosa?
Porque de todo lo que yo hice, acuérdate de mí, en vida… ¡Oh hijo!
Mantén aquel cuerpo altivo, bello y honrado. ¡Por mi vida!, ¡no destruyas a ninguna mujer! ¡y no desprecies a mujer alguna! … por aquella noche oscura cuando Tú naciste.


Estas flores que Uds. ven sobre el altar, son símbolos de aquel amor de madre. La blanca, el amor de la madre que se fue, la roja, el de la madre que todavía vive, para bendecir sus vidas.

Lejos, en los recesos sombríos de su corazón, donde todo está silencioso y parado, ella guarda un santuario. Es ahí donde se arrodilla en oración, mientras allá encima, haces de luz, sobre ella brillan.


Su corazón tiene la fragancia de flores, conforme ella reza, reluciendo como una llama de vela. Cada oración, es elevada para bendecir al mundo en que ella trabaja, para ahí, dejar el resplandor de las velas.


Queremos que cada uno de Uds. levante una flor del altar. Si tu madre ya pasó de esta vida a la otra, escogeréis una flor blanca, y la guardaréis siempre sagrada en vuestra memoria.

Que la presencia de esta flor, despierte siempre en ti todas las memorias felices de ella, y te fortalezcan nuevamente en tus esfuerzos, para ser digno de las esperanzas y aspiraciones de ella por ti.


Si tu madre está viva, escogerás una flor roja. Cuando vayas a tu casa esta noche, dale esta flor a tu madre, diciéndole que es nuestro reconocimiento, del mejor regalo que Dios da a un hombre: “El Amor Materno”.

Tómala en tus brazos y dile: —Madre, aprendí una gran lección esta noche, las ceremonias me ayudarán a reconocer más íntimamente, cuanto tú realmente significas para mí. Voy a tratar de demostrarte diariamente, cuanto yo aprecio los sacrificios que tú haces, el amor y los cuidados que tú me das.


Algún día tú encontrarás aquella flor no sé donde, tal vez en su Biblia o en su libro de oración, o en algún otro lugar sagrado para ella, allí estará como un testimonio silencioso, de lo que esta noche significó para aquella, cuyo amor por ti, su hijo, está más allá de la comprensión de cualquier hijo.


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